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Por favor, gracias: en McDonald’s no era cortesía, era un requisito

Luis Hernández8 de abril de 20243 min
Por favor, gracias: en McDonald’s no era cortesía, era un requisito

En el post anterior hablé sobre trabajar en el taller de mi papá.

McDonald’s fue una escuela completamente distinta.

Ahí aprendí algo que todavía veo hoy en tecnología, producto y equipos de trabajo:

Muchas reglas que parecen innecesarias existen porque alguien ya sufrió el caos de no tenerlas.

El uniforme no era apariencia

Mi primer día fui con unos zapatos beige.

Me devolvieron a mi casa.

En ese momento pensé:

“ Qué exagerados ”

Después entendí el motivo.

Los zapatos tenían suela antideslizante.

El riesgo de resbalarte era real.

No era estética.

Era seguridad.

La gorra tampoco era por imagen.

Era para evitar cabello en la comida.

En McDonald’s casi nada existía “porque sí”.

Hacer el 8

Una de mis primeras tareas fue limpiar el lobby.

Mesas.
Basura.
Pisos.

Y me enseñaron algo llamado “hacer el 8”.

Consistía en mover el trapeador dibujando un número 8 en el piso.

Otra regla rara.

Pero tenía sentido.

Ese movimiento distribuía mejor el peso y evitaba lesiones en espalda y rodillas.

Hasta trapear tenía un proceso optimizado.

La cocina era una línea de ensamblaje

Después terminé trabajando en cocina.

Cada persona tenía una estación específica.

Parrilla.
Frituras.
Armado.
Producción.

Todo funcionaba como una línea de ensamblaje.

Mi primera estación fue frituras.

Freía nuggets.
Armaba McPollos.
Preparaba cajitas con nuggets.

Mientras tanto, producción iba calculando cuánto stock debía mantenerse listo para los próximos minutos.

Tenías que hacer varias cosas al mismo tiempo sin romper el flujo.

Y cuando alguien fallaba, toda la cocina lo sentía.

“Por favor” y “gracias”

La parte más rara era la comunicación.

En McDonald’s nos enseñaban a pedir las cosas “por favor” y responder “gracias”.

Yo pensaba que era cortesía.

No lo era.

Era un protocolo.

Si necesitaba nuggets decía:

-- Carlos, ¿me traes 4 bolsas de nuggets, por favor?

Y Carlos respondía:

-- 4 bolsas de nuggets, gracias.

Ese “gracias” no era educación.

Era confirmación.

La forma de saber que el mensaje había sido escuchado y que la tarea se iba a ejecutar.

Si nadie respondía, el mensaje simplemente no existía.

Años después entendí que muchos sistemas funcionan exactamente igual.

Slack.
WhatsApp.
APIs.
Deploys.
Sistemas distribuidos.

Todos necesitan confirmaciones.

El doble check de WhatsApp existe por la misma razón.

No alcanza con enviar el mensaje.

Necesitas saber que llegó.

La razón detrás de lo simple

Con el tiempo entendí que muchas reglas que parecen burocracia son cicatrices operativas.

Alguien ya sufrió el accidente.
El error.
El caos.

Y el proceso nació para evitar que vuelva a pasar.

El uniforme.
La técnica al trapear.
Las estaciones de trabajo.
El “por favor” y el “gracias”.

Nada era casual.

Todo existía para reducir errores, accidentes o fricción.

Y honestamente, eso que aprendí en McDonald’s me ha servido más que cualquier curso de productividad o gestión de proyectos.